Este sábado por la noche, Abel Pintos volvió a Rosario y la ciudad lo recibió como siempre: con los brazos abiertos y las entradas agotadas. Con más de 20 años de carrera y una evidente conexión con su público, volvió a llenar uno de los escenarios más importantes de la ciudad y dejó en claro por qué sigue siendo uno de los artistas más convocantes del país.
Abel Pintos en Rosario: un show a pura emoción que ni la lluvia pudo apagar
El cantante se encuentra atravesando uno de los momentos más sólidos de su carrera. Luego de una residencia en Mar del Plata con 11 funciones agotadas y una maratón histórica de 34 shows junto a Luciano Pereyra en el Luna Park, se lanzó a una gira nacional que lo llevó por todos los rincones del país y también por Uruguay. Rosario, una vez más, volvió a ser una parada obligatoria en ese recorrido.
El regreso fue por partida doble. La primera función, para el sábado 17, agotó las entradas, lo que llevó a sumar una segunda fecha para el domingo. Incluso, días antes del show, Abel participó en la plantación de árboles en el Parque Nacional a la Bandera, donde quedó inaugurado el “Bosque Alta en el Cielo”, un proyecto que refuerza su cercanía con esta tierra que ya siente como propia.
Familias, amigos y emoción a flor de piel
Poco a poco, el Metropolitano fue recibiendo a un público de lo más diverso: familias enteras, parejas de todas las edades, grupos de amigas con vinchas de flores, abuelas tomadas de la mano de sus nietas, padres que llevaban a sus hijos y hasta grupos de amigos listos para corear cada canción. Los fanáticos llegaron desde distintos rincones del país, como Santa Fe, Victoria y Gálvez, e incluso desde otros países como Chile.
La variedad del público dejó en claro el inmenso alcance del artista: Abel Pintos atraviesa generaciones y conecta con distintas edades y emociones. Mientras algunos se acomodaban en sus butacas numeradas, otros hacían la previa con una cerveza en mano, una gaseosa, unos panchos o unas papas fritas.
Pasadas las 21 horas, la emoción se desató. Uno por uno, los músicos fueron tomando su lugar en el escenario hasta que, finalmente, apareció Abel Pintos. Sencillo, humilde, vestido con pantalón, camisa y campera de cuero, saludó como quien llega a su casa: con la sonrisa tranquila que lo caracteriza y regalándole besos al público.

